Sobre el caminante

Comenzar una pequeña o gran descripción de uno mismo es lo más complicado siempre. Uno cree que se conoce bien por dentro, pero cuando tiene que plasmarlo en unas líneas o explicarlo en un discurso, siempre acaba recurriendo a lo que los demás dicen de uno. Afortunada o lamentablemente, a veces nos creemos que somos eso que reflejamos ser y que los demás ven.

Para empezar, diré mi nombre: Pedro. No quiero esconderme debajo de falsos pseudónimos aunque tal vez termine por usarlos más adelante. Si es cierto que, a lo largo de mis 33 años de existencia, me han llamado de muchas maneras o me he hecho llamar de muchas otras. De mi infancia, en casa, recuerdo los “Pedrito”, con el que mis padres se referían a mí delante de los amigos; los “Churro” o “Currutaco” con los que mi padre se llenaba la boca de letras cariñosas que sonaban a comida; el “chache” que mi hermana, ahora madre de dos “enanos”, pronunciaba haciéndome sentir como el hermano mayor que soy. Y otros que quiero mencionar aquí como “Perico”, que tanto enfadaba a mi abuela Irene porque así le llamaban al tonto de su pueblo, o los más recientes “Pit”, “Pedrasao” o “Pititi”, que emplean mis amigos más cercanos.

Pero quién soy en realidad es algo siempre más enrevesado que un mote cariñoso o un diminutivo. Tengo querencia por creerme una persona compleja en el fondo y sencilla en las formas. Siempre he sido sensible, idealista y desde hace muchos años, contestatario con lo que me rodea y no me gusta. Mi hermana dice que siempre “caigo de pie”, pero no me considero afortunado y por dentro, siento que son tantas las veces que he tropezado o caído, como veces he vuelto a levantarme para iniciar, con paso firme o titubeante, un nuevo camino.

Me da igual si muchos se consideran supervivientes de la vida porque eso les hace sentirse más fuertes. Yo sé que sí lo soy. De hecho, sobrevivo a aquel momento en que existir dejó de importarme y tal vez, desde entonces voy todoterreneando mi día a día. Soy en definitiva un “todoterreno” de mi cotidianeidad: a veces en línea recta, a veces con curvas… un caminante más, tratando de andar su propio camino (finding my own way).

¡Bienvenidos y gracias por pasear conmigo!

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