Posteado por: Pedro | 26 abril, 2011

Causualidades

Perdón que empiece así esta nueva entrada, pero me jode que el título, “Causualidades”, ya estuviera inventado y que además, se le atribuya entre otros a un tal Sánchez-Dragó en uno de sus libros. Disculpadme, pero la procacidad en la palabra creo que sólo se la consiento a los Clásicos. Casualidades de la vida, de eso quería hablaros.

Hagamos borrón y cuenta nueva. Pensemos por un instante, que el término en cuestión, sea un palabro formado por la integración de los términos “causa” y “casualidad”. Coincidiréis conmigo en que muchas veces, nos asombramos de las extraordinarias casualidades o coincidencias que nos depara el destino.

La aleatoriedad que se presenta tantas veces en nuestra existencia, se suma a todos esos otros momentos que nosotros elegimos cómo vivir. Somos dueños de nuestros actos y asumimos las consecuencias de éstos, entendemos las causas o el origen de nuestras acciones y hasta ahí, todo controlado. ¿Pero qué ocurre cuando nos encontramos con una casualidad?

Lo fortuito de las casualidades nos descontrola, nos deja solos frente a algo que no conocemos, completamente inesperado y de lo que ignoramos tanto su origen, es decir, su causa, como sus consecuencias o cómo afectará a nuestra vida lo que acontezca o provoque dicha eventualidad imprevista.

Lejos de seguir divagando sobre lo divino y lo humano del azar, quería contaros cómo me han afectado a mí las casualidades, escollos azarosos con los que aún hoy, sigo tropezando.

Causualidad parejil

C y yo, acabábamos de salir de un concierto. Se había hecho tarde y cerca del Palacio de los Deportes de Madrid, paramos a comprar algo de cenar en una de esas tiendas infernales que tienen de todo, abren todo el día y son carísimas. Imaginaros la situación: poco tiempo de relación y ese momento de la pareja en la que aún te excusas frente a tus amigos con la frase: “sólo nos estamos conociendo”.

Llegamos a la nevera de la comida precocinada, varias pizzas de varias especialidades.

Casualidad número 1: a los dos nos gustó la misma, de la misma marca y escogimos la segunda del montón, no la primera. ¿Extraño al menos, verdad?

Casualidad número 2: coincidimos en acompañar la cena con unas patatas fritas. No os voy a contar las variedades que existen en el mercado porque me imagino que ya las conocéis. Exacto, los dos elegimos las de sabor jamón.

Casualidad número 3: mientras esperamos para pagar, hojeo un libro y ella otro. Me extraña ver cómo, en lugar de mirar la portada, C se va directamente a la última página y lee. Desde pequeño, nunca puedo comprar un libro si su última frase no me transmite que debo leerlo y ella, ¡estaba haciendo precisamente lo mismo!

Más allá del agilipollamiento gonadal que caracteriza los comienzos de cualquier nueva relación, no me negaréis que son demasiadas casualidades.

Y ahora, os refresco nuevamente el título y me planteo lo siguiente: ¿no será que la causualidad, provocada en este caso por los cuelgatús y los puesyomás, sean la causa verdadera de considerar las manías o gustos alimenticios del prójimo como la coincidencia más maravillosa y única en la Historia del Amor (escrito con mayúsculas y letras doradas) y que nuestra casualidad era tan perfecta que nos uniría para siempre?

Hoy sé que no era así. Y no es que desconfíe del amor o que haya perdido la esperanza en él. Todo lo contrario, creo que el primer tipo de causualidad del que os hablo, es capaz de llenar nuestros corazones, haciéndonos únicos frente a otras parejas, especiales e irrepetibles. ¿No es maravilloso?

Causualidad espacio-temporal-laboral

Me imagino que también os sonará la siguiente expresión: “estar en el momento justo, en el lugar adecuado”. Seguro que se la habréis oído infinidad de veces a vuestros progenitores, esos seres insistentes por antonomasia y seguidores de la Hermandad del Clavo Ardiente.

Nuestros padres siempre han estado convencidos de que nos esperaba lo mejor y que sólo teníamos que llegar a la hora D, a la X marcada por el azar, en el transcurso de nuestras vidas. Perdonadme, pero aunque me considero de letras, el no haber hecho la primera comunión impidió que me regalaran el reloj con precisión cuántica, brújula y GPS vía satélite integrados. ¿Qué hora D, ni X en un mapa, ni qué niño muerto!

Y llegamos al segundo tipo de causualidad, muy relacionada con el espacio y el tiempo, pero sobre todo, en el ámbito de lo laboral. Os pongo en situación.

Servidor, recién salido de la Facultad de Periodismo, se enfrenta a la búsqueda de su primer empleo (y mira que insistí en encontrar el dichoso relojito fantástico antes, pero no hubo manera). Eran otros tiempos y había más oportunidades. Consigo mi primera entrevista de trabajo después de varios meses de búsqueda y justo cuando me estoy aproximando a la hora D, en la planta B, del edificio con mi X marcada, ¡me suena el teléfono y me convocan para otra entrevista, más interesante si cabe que a la que estoy a punto de asistir, en la otra punta de la ciudad, con muy poco margen de tiempo y encima, no tengo que ir de traje!

Buscar la causa o el origen de dicha situación es lo de menos. Al final, supongo que las probabilidades de que coincidan dos entrevistas el mismo día y casi a la misma hora, depende de lo que uno se haya movido previamente para conseguirlas. La casualidad hace que tengas que decidirte rápidamente.

Me metí en una cabina de teléfonos, me quité las gafas, arranqué mi corbata y varios botones de la camisa, hice aparecer la “S” de mi traje de Superman y la capa roja, me puse los calzoncillos rojos por encima del traje gris marengo y llegué volando a la segunda entrevista.

Y ni el trabajo era tan maravilloso, ni Lois Lane se convirtió en mi compañera, ni empecé mi profesión periodística en el Daily Planet. Perdí la oportunidad de pasar la primera entrevista; la segunda fue una broma muy pesada y al final, gracias a la perseverancia, otro día D, encontré mi primera X profesional.

Ya termino.

Hace tan sólo un par de días, he vivido una nueva causualidad, junto a un amigo y compañero de trabajo. Le prometí que escribiría esta entrada y por no dar muchos más detalles, me permitiréis la licencia de parafrasear un anuncio de televisión para contároslo:

“Salir de marcha con tus amigos: 60 €”

“Conocer a alguien por la noche: simpatía y un poco de labia”.

“Que la chica a la que besas esa noche sea la cuñada de una de tus compañeras de trabajo, entre cinco millones de madrileños… no tiene precio”.

Edu, causualidades de la vida, ¡qué le vamos a hacer!


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Categorías

A %d blogueros les gusta esto: